martes, 5 de enero de 2010

El comienzo de la imaginación

"La magia no era suficiente. Se había dado cuenta muchos días atrás, pero simplemente no había querido creerlo." Debía llegar a la montaña de los aztecas antes que su hermano porque, aunque compartían el mismo destino, no pasaba lo mismo con sus intenciones. Debía recuperar el pacto que en el año 1453, encima de un pergamino, se cerró con sangre y luz. Dichos componentes solo se utilizaban cuando se pretendía que la promesa fuera inquebrantable. Y desde el día en que aquel trozo de papel se ocultó en el interior de aquella montaña, hubo un cambio en el planeta Tierra: la magia volvió a fluir. Pero a este hecho lo acompañaba una guerra entre dos hermanos donde ninguno de los dos viviría mientras el otro siguiera con vida.
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Una vez supo en qué dirección debía volar, Dallhao se subió al Sidohante y arrancó el vuelo veloz como una flecha. La conexión entre el animal y él jamás había sido mala, al contrario, el Sidohante siempre lo había obedecido. Pero a medida que se acercaban a las montañas el animal estaba cada vez más inquieto, hasta tal punto que en un momento dado el jinete perdió el equilibrio y se deslizó por el ala del bicho hasta caer al vacío. Él sabía que sin la unión de su trenza con el tentáculo del animal, el Sidohante no iría a por él, así que no le quedó más remedio que utilizar la poca magia que quedaba en su cuerpo para conjurar el hechizo que lo salvaría de aquella caída mortal, y en ese mismo instante, se materializó en algún lugar dentro de la montaña. Por instinto sacó la espada y se puso en guardia, pero su hermano fue más rápido que él y la hoja de su arma rozaba ya el cuello de Dallhao dejando ver un hilo de sangre que resbalaba por su cuello. Soltó el sable y se volvió para poder mirarlo a los ojos.
-¿Por qué destruir este mundo?- preguntó Dallhao seriamente- ¿No hay suficiente espacio en el Universo para levantar tu imperio que tienes que destruir este planeta?
-Si lo hago, podré utilizar toda su energía para alimentar mi mundo- contestó su hermano impasible.
-El pergamino solo será tuyo si me matas combatiendo- soltó el jinete- y creo que me subestimas.
Dicho esto, en la mano de Dallhao apareció una espada de "likhogaf", el único material que podía atravesar la coraza de su hermano. Se tiró encima de él con la espada por delante, pero su valor no lo salvó aquel día, y todo aquel maravilloso mundo repleto de animales donde todas las generaciones de sus antepasados habían vivido, se consumió por la luz y se fundió en el universo como lágrimas en la lluvia.

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